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Electricidad y propiedad: La privada de los ricos, la estatal de los políticos y la comunitaria

Pedro Echeverría V.

1. La batalla en México por el control de la electricidad, así como del petróleo, seguirá mientras dejemos con vida el sistema capitalista de explotación y de enormes negocios. ¿Destruiremos el capitalismo en pocos años o tendrá que pasar otro siglo para que el 80 por ciento de la población obtenga conciencia de clase para luchar y el cinco por ciento se vea obligado a entregar sus riquezas antes de que prenda la pradera. Mientras tanto millonarios privados y políticos de Estado seguirán confrontándose por el poder. En la “utopía posible” luchamos por la propiedad comunal que haga desaparecer a privados y estatistas.

2. La propiedad de los millonarios privados (mexicanos y extranjeros) en la electricidad y el petróleo ha dejado al 80% de la población, por lo menos durante un siglo, en terrible miseria y hambre. Por otro lado, los políticos han hecho muy poco, solamente sacudidas, con sus decretos y nacionalizaciones –que parecen “jalones de oreja” para que no sean descarados con sus corrupciones- porque pasado un pequeño periodo, los grandes negocios se reinstalan, regresando al mismo camino. ¿Cuándo el pueblo mayoritario estará preparado para expropiar a los expropiadores dueños del dinero y las grandes propiedades?

3. En 1933 –ante el total dominio de la empresa privada de electricidad que venía desde el Porfiriato (1876-1911)- se reconoce el “ carácter público” de la Comisión Federal de Electricidad (CFE); por ello el presidente Cárdenas (1934-40), dentro de su nacionalismo que significaba soberanía y control de recursos, arrebató con un decreto a las empresas privadas transnacionales de electricidad, los enormes negocios con que se explotaba al pueblo, poniéndola bajo el control de la nación. En 1937 México tenía entonces 18 millones de habitantes y de éstos siete millones eran abastecidos por tres compañías.

4. Los siguientes funestos gobiernos –con el carácter capitalista que los caracterizó- permitieron y participaron en todos los negocios posibles, hasta que otros capitalistas recuperaron sus negocios en la electricidad. Por ello el presidente López Mateos en 1960 decretó un segundo nacionalismo porque sólo el 44 % tenía acceso a la energía eléctrica. (A mi me tocó en los 60 “estudiar” y vivir con quinqué, con velas, a media luz). El servicio durante 55 años estuvo acaparado por las grandes empresas privadas, como la Mexican Light and Power Company de origen canadiense y capital multinacional y la American and Foreing Power filial de la Electric Bond and Share, las cuales no estaban interesadas en el desarrollo industrial, comercial y agrícola del país; solo buscaban ganancias rápidas.

5. No obstante, los monopolios extranjeros aprovechando las condiciones de la CFE, le compraban la electricidad a precios bajos para revenderla y dejaron de invertir en nuevas plantas de generación. Visto de otra manera, de 1949 a 1960, la relación entre el precio de compra a la CFE y el precio al que vendían las empresas eléctricas extranjeras llegó a ser de 4 a 1, lo cual explica sus enormes ganancias y el poco interés por invertir en la generación. Por ejemplo, la Mexlight le compraba a la CFE el KWH a 0.40 centavos canadienses y lo a 1.626 dólares canadienses.

6. Los obreros electricistas declararon en 1960: “Corresponde exclusivamente a la Nación generar, conducir, transformar, distribuir y abastecer energía eléctrica que tenga por objeto la prestación de servicio público. En esta materia no se otorgarán concesiones a los particulares y la nación aprovechará los bienes y recursos naturales que se requieran para dichos fines”. Sin embargo, en pocos años se inició un viraje en la conducción de la CFE que terminó convirtiéndola en simple organismo público apoyador del proceso de acumulación capitalista a través de tarifas industriales y comerciales subsidiadas.

7. Hoy el presidente López Obrador –como los presidentes Cárdenas y López Mateos- lanza una nueva ofensiva para salvar la electricidad y el petróleo en manos privadas con apoyo extranjero, esencialmente. De entrada estoy contra las grandes propiedades privadas que han y siguen saqueando a la nación; pero no puedo seguir creyendo mucho en el juego que se traen los políticos de gobierno que luego se asocian con los negocios privados. Sigo pensando en la utopía posible: que todas grandes empresas sean expropiadas en beneficio de las comunidades con el objetivo de construir una gestión y apropiación igualitaria. (3-II-21)

https://pedroecheverriav.wordpress.com

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