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¿Acabará el internet con librerías, bibliotecas, libros usados, incluso periódicos y revistas?

Pedro Echeverría V.

1. El internet no es un mal o un bien pasajero, es resultado de una tecnología que aplastará otros desarrollos. Desde hace unos 10 años comencé a darme cuenta de que raramente hacía uso de mi biblioteca de más de mil libros porque lo que necesitaba consultar estaba todo en internet y en la medida que conocía más el uso de este aparato, los libros impresos se alejaban más de mis necesidades. Obviamente, el especialista que hace investigación tiene mucho más necesidad de libros; pero quienes nos dedicamos a hacer artículos o pequeños ensayos, usando el bagaje interpretativo e histórico que tenemos, el internet nos complementa.

2. Poseo una amplia biblioteca de “ciencias sociales” ligadas al marxismo, misma que he reintegrado tres veces -vendiendo partes de ella y luego comprando los necesarios- por aquello de los viajes y traslados de domicilio y el cargado de cajas. Recuerdo que en tres épocas vendí más de 100 libros a mi amigo Raúl Montalvo, más de 100 al centro de investigación Hideyo Noguchi y más de 100 a mi amigo Choláin Rivero, otros los he dado prestado sin regreso. Cada uno de los libros tuvo su historia de compra y de sacrificio por falta de dinero en librerías, librerías de viejo, en la Lagunilla y hasta adquisición pirata.

3. Mi hija Vietnina, muy buena lectora –que siguió mi ejemplo al integrar hace 20 años su biblioteca- me movió el tapete al decirme que parte de la suya la ha obsequiado en una Unidad de la UPN. Me dolió mucho escuchar sus argumentos contra el no uso porque estaba clavada en otro tipo de lecturas. Así resurgió mi reflexión: ¿Para qué necesito tantos libros si raramente los uso por tener frente conectado a mí 18 horas diarias de internet? Más aún poseo la colección completa de la revista Proceso del número 1 de noviembre de 1976 al número 2201 de enero de 2019, que ahora no veo la necesidad de tenerla conmigo y que puse en venta.

4. En 1967, en varias ocasiones nos reunimos en seminario de estudios marxista en la casa de Enrique González Rojo, en Coyoacán. La gran “biblioteca con casa” había pertenecido a su abuelo el famoso poeta Enrique González Martínez, a su padre el también poeta Enrique González Martínez que se casó con Laura Rojo. Sin duda, antes de la aparición del internet, poseer biblioteca particular era un enorme privilegio, aunque desde los años 1940 ya la UNAM y muchas universidades contaban con las suyas, que pasaron a ser públicas. Pero la pregunta sigue siendo: ¿Qué será de las obras impresas, en bibliotecas, de los libros, revistas y periódicos, frente al internet que lo tiene todo y avanzará tecnológicamente más?

5. Por otro lado, se ha desarrollado mucha desconfianza en lo que se publica en Internet, sobre todo al demostrar tener muchas limitaciones y muchos intereses multimillonarios, incluso del imperio, tras él. Yo que leía, subrayaba y comentaba al margen en los textos, ahora no siento gusto como antes; prefiero leer en internet y paralelo a ello buscar todo tipo de referencias que muchas veces me desvían de la lectura, pero también eso me da gusto. Pienso que el internet me da más libertad para cambiar el ambiente, escribir y escuchar la música que más me gusta. Por ello estoy sintiendo que los libros me sirven poco y que no tiene mucho caso tenerlos en frente. Pero sigo reflexionando acerca de los libros y el internet. (24/IX/20)

https://pedroecheverriav.wordpress.com

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