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Antes de evaluar a los maestros deben examinar a las autoridades para ver si no han enloquecido

Pedro Echeverría V.

1. Son tantos los problemas que tienen los gobernantes, como el educativo creados por ellos mismos, que parecen haber enloquecido. Están a punto de cumplir tres años de gobierno y en lugar de mejorar la situación económica y de seguridad del país parecen llevarlo al matadero. Los gobiernos del PRI de De la Madrid, Salinas y Zedillo habían llevado al pueblo al hartazgo y se pensó que Fox y Calderón del PAN serían distintos y resultaron peores o más de lo mismo. Después se habló de un “nuevo PRI”, pero las casas han empeorado y no se ve por dónde salir; se piensa que los gobernantes son los únicos culpables, pero la realidad es que el la clase capitalista en conjunto que por lo menos durante un siglo ha tenido engañado y aplastado al pueblo.

2. A partir de 1960 fui profesor de primaria y- no solo no me avaluaron por tener sólo estudios de bachillerato o preparatoria- sino que me colocaron en una bellísima cabecera de zona: en Metztitlán, Hidalgo. Luego, en 1967 impartía la asignatura de historia y geografía en una secundaria particular grande de la colonia Moctezuma de la ciudad de México, donde tampoco me evaluaron porque estudiaba en la Normal Superior; más tarde sería profesor de historia en por lo menos 20 secundarias del DF (del extremo sur, norte, oriente o poniente) porque mis nombramientos eran de tres o seis horas. Lo primero que vi fue que los estudiantes de escuela particulares llegaban bien desayunados, bien limpios y vestidos, así como muy atentos.

3. Comencé entonces –con criterio izquierdista- a diferenciar las escuelas públicas de las escuelas privadas. Los edificios en el DF no eran muy diferentes en cuanto a espacios, pero la vigilancia, la disciplina, la obligación del rezo a los alumnos en la capilla y los micrófonos en cada salón, eran estrictos. Hablo de 1967-1968 cuando la técnica policiaca no estaba desarrollada como hoy que seguramente se usan cámaras de vigilancia en cada salón. Me pagaban por “hora dada” y no tenía ningún derecho: a estabilidad, organización sindical, a médico, a descanso, a jubilación. La Moctezuma es una colonia céntrica, pero clasificada como proletaria; por lo que la gente de mayor nivel económico tenía a sus hijos inscritos en aquello escuela que dominaba el rumbo.

4. Los estudiantes de secundarias públicas –con excepción de la que tuve tras el metro taxqueña en la colonia de ricos Campestre Churubusco- eran otra cosa: los de Iztapalapa, los de la Madero (tras la Villa de Guadalupe), los de San Felipe Terremotes, en la Aragón, estaban realmente jodidos porque llegaban después del trabajo más ruin o porque buscando algún ingreso se habían puesto a ayudar a alguien. El contenido de los programas eran los mismos para el país y para la ciudad de México, pero ello es como una imbecilidad si los estudiantes y el medio social es radicalmente diferente. Por ello hay que decir que las altas autoridades educativas y sus asesores son medios imbéciles si es que no han enloquecido totalmente.

5. Los proyectos, planes y programas educativos –así como la justicia o los derechos- no puede ser igual o parejo para todos en una sociedad extremadamente desigual; por ello he repetido muchas veces aquella frase del campesino Zapata de 1911: “la educación en vez de servir para igualar a la gente, crea más privilegios a favor de la clase dominante” o aquella polémica del cardenismo demostrando que la educación urbana destruye la cultura original y divide a las familias separando a padres e hijos. Quizá por ello los profesores de la CNTE de Oaxaca, Michoacán, Guerrero y Chiapas han sido muy tercos en la defensa de su cultura original que garantiza la unidad de la familia y, al mismo tiempo adaptan la educación a las condiciones reales de la región.

6. Recuerdo que en algún tiempo se habló de la educación compensatoria destinada a garantizar el acceso, la permanencia y la promoción en el sistema educativo del alumnado en situación de desventaja social, procedente de minorías étnicas, de colectivos de inmigrantes, así como de familias con miseria y pobreza socioeconómicas 80 por ciento en México. De igual forma para atender al alumnado que debe permanecer largos periodos de hospitalización o convalecencia. Aunque no soy partidario de la reformas, pienso que si no se piensa de igualar las oportunidades la educación seguirá profundizando la desigualdad social. Si se piensa en educación burguesa, habría que impartir educación compensatoria al 80 % de la población.

7. Como pensaría el investigador Gil Antón: ¿Cómo culpar al profesor de los males en educación si como a un chofer le han entregado un autobús destartalado que debe correr por carreteras destrozadas, con inspectores exigentes y con dueños imbéciles que obligan al chofer a una aventura arriesgando a los pasajeros a caer al barranco? ¿Ponerle un examen de manejo al chófer para ver si es tan bueno como los de las autopistas y las avenidas de la gran ciudad para luego correrlo? Pienso que Peña debe saber de compra casas, Chuayffet de liquidar indígenas, el INEE de arribismo político y Videgaray de administrar crisis, pero de educación son totalmente ignorantes porque nunca han trabajado en ello ni tampoco conocen a los maestros.

8. En mis cinco o seis años como profesor de primaria en Hidalgo y Yucatán, asistí a reuniones de “Cooperación Pedagógica” de unos 80 maestros de una zona escolar en los que se analizaba la situación económica de los alumnos y de los padres de la zona, el trabajo de los maestros a partir de sus experiencias y se escuchaban en dos días unas seis conferencias. En la ciudad de México a fines de los sesenta se organizaban en grandes edificios escolares concentraciones de maestros de secundaria, también con tres o cuatro conferencias que causaban fuertes debates. ¿Pueden imaginarse porque estas últimas reuniones fueron suspendidas después de ver que cientos de estos maestros fueron integrantes de las batallas estudiantiles y populares de 1968?

9. Hay que llevar al extremo aquella frase de Sicilia: “En México estamos hasta la madre” de que las máximas autoridades, los empresarios, las fuerzas armadas, hagan lo que les dé la gana sin realizar ninguna consulta. “Estamos hasta la madre” que los medios de información –la TV en primer lugar- se dedique a calumniar a nuestro pueblo y a los maestros porque se niegan a subordinarse como esclavos. Sólo falta que el pueblo organizado –teniendo a los maestros de la CNTE en la vanguardia- le ponga en la madre a todos aquellos que buscan privatizar la educación, que quieren eliminar a decenas de miles de maestros, que están reduciendo la matrícula educativa en todos los niveles y que inventan medidas para que una minoría obtenga todos los beneficios. (5/VIII/15)

https://pedroecheverriav.wordpress.com

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