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“Avergüenza Iguala”, dice Narro, pero también Tlatlaya, Hermosillo, Juárez,… avergüenza la República

Pedro Echeverría V.

1. Al rector de la UNAM le avergüenza la desaparición de los 43 estudiantes en Iguala Guerrero; parece coincidir con la mayoría de los mexicanos críticos que hemos protestado en todo el país. Pero lo de Iguala sólo es una muestra –un botón- de lo que ha venido sucediendo en México desde hace más de un siglo por lo menos, en todos los estados de la nación. Empero es importante que la gente esté despertando y que incluso los funcionarios se atrevan a denunciar porque con ello demuestran que no están dormidos; sin embargo, los que tienen poder deben revisar si la dependencia que dirigen marcha bien, confrontado los problemas denunciados.

2. Las opiniones y actividades de los rectores de la UNAM siempre han tenido peso a nivel nacional porque resultan no tan tontas como las de los secretarios de Educación Pública que son impuestos por la Presidencia en turno y tienen la obligación de defender al régimen. Por ello es importante que los rectores –que tienen presencia nacional- hablen y hagan más. Ex rectores como González Casanova, creador del CCH con 75 mil estudiantes; como Barros Sierra, que marchó como protesta por la toma de la UNAM por el ejército y Carpizo que abrió la discusión académica y política de la UNAM –aunque hayan cometido errores- se les tiene presente.

3. La UNAM, aunque vive de los dineros públicos, es “autónoma” para organizar sus planes y programas, para investigar con profundidad, no tiene cortapisas para hacer declaraciones y sus estudiantes y trabajadores (académicos, técnicos, administrativos y manuales) tienen libertad para protestar y manifestarse dentro del campo universitario y fuera de él. La derecha autoritaria o “furiosa” no se ha cansado de decir que “autonomía no es extraterritoriedad” invitando con ello al ejército y policías a intervenir en la UNAM cuando el gobierno quiera; de ello se han valido rectores derechistas para autorizar tomas del “campus” por el ejército.

4. Lo que ha sucedido es que la derecha mafiosa –cuyo ideal son los colegios privados y confesionales- siempre ha pensado que la universidad pública es una fábrica, que el rector es un empresario, que los maestros sólo deben ser vigilantes o capataces y los estudiantes sólo deben ser capaces de hacer y pensar como le indiquen con un programa, los maestros y las autoridades. Olvidan la universidad de pensamientos que circulan en el mundo, la necesidad de conocerlos y expresarlos, de probar su viabilidad en cada país o región y que el único ambiente para desarrollarse es la libertad. La derecha lo único que conoce es la obediencia, la esclavitud.

5. La UNAM es con mucho el centro de educación superior más importante del país por su historia, por el número de alumnos y profesores que sobrepasan el medio millón; por la cantidad de egresados anuales, por su reconocimiento mundial. La UNAM –así como otros centros educativos públicos del país- rechaza cada año a casi el 90 por ciento de los estudiantes que solicitan ingresar con el argumento de “falta de presupuesto” obligando a los aspirantes a abandonar sus estudios o e inscribirse en colegios privados que son verdaderos negocios económicos. De estos y muchos problemas más del país se han hecho conscientes los estudiantes que luchan.

6. La política educativa a partir de 1982 –año de la imposición plena del neoliberalismo- sufrió un profundo cambio en beneficio de la tecnología y la privatización. No solo se ha impulsado el crecimiento del número y la ampliación de las escuelas de carácter privado –como de universidades tecnológicas- sino que también las escuelas y universidades públicas se les han impuesto planes y programas encaminados hacia la tecnología eliminando o disminuyendo horas de materias sociales: como historias, sociologías, filosofías, que pudieran subvertir el pensamiento de los estudiantes. Los análisis del contexto social fueron eliminados.

7. En los años 70 y 80 en algunos estados de la República destacaron universidades donde los estudiantes batallaron por sus derechos: Guerrero y su Universidad-pueblo, Oaxaca, Puebla, Sinaloa, Michoacán; hoy casi no se les escucha, quizá por el mayor control que ejercen la ANUIES y la SEP; sin embargo, con el despertar provocado por los normalistas de Ayotzinapa y el movimiento del Politécnico, es probable que también en algunas entidades se manifieste el descontento. Si el “Soy 132” fue apagado, es el momento que resurja un despertar que sacuda a las universidades y de los estudiantes de todo el país. (7/XI/14)

https://pedroecheverriav.wordpress.com

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